Mientras Gemma Nierga en su Ventana nos hablaba de unas piruletas de codorniz, de unos helados de bacalao, y de unos yogures de caracoles, (entre otras delicatessen, creo, lo de delicatessen, digo) y el GPS de mi coche me decia una y otra vez con voz de pocos amigos que girara a la derecha,

allándome atravesando la llanura mas manchega de toda la Mancha, tropezando con los molinos e imperativamente orientada por el maldito aparato con voz metalica, me detuve un momento para reivindicar con grandes infulas, mi adoración por el morteruelo, el ajo arriero y la ensaimada manchega hecha en Socuéllamos, en horno de leña, con el amor y con la garantia de la abuela Josefa!

Al volver al coche, logicamente apagué el artefacto y pregunté a un amable caballero que me indico el camino.

NOTA: el caballero no sólo era amable sino que tambien era manchego, ¿nieto de la abuela Josefa? por su cariño al señalarme el camino y compartir un trozo conmigo, yo diria que si.