Preparo convenientemente la maleta de los niños con ropa para los dos, con sus pantalones, camisetas, y sus consabidos calcetines que haran viaje de ida limpios y viaje de vuelta sucios (al menos eso es lo que dice mi intuición, dos años lavando calcetines da para tener esa intuición y no otra).

Suena el teléfono, la voz me dice que no se los lleva a los dos, sólo a la que no tiene varicela. No entiendo nada pero sigo pegada al telefono por si acaso puedo entender.

La despido con besos de madre pulpo en el ascensor, con estrujamientos y esas cosas que hacemos las madres cuando se va una hija el fin de semana con su padre y otro hijo (el que tiene varicela) se queda porque su padre dice no se muy bien que.

La puerta metálica del ascensor se cierra y....zas! la cristalmina y el atarax se apoderan de mi.

Cojo el bote que esta encima del mármol blanco del lavabo sin darme cuenta(por las ansias de curar y porque la falta de dias libres eso es lo que tiene, que ataranta) de que estaba sin enroscar, (vaya, que lo que parecia estar cerrado no lo estaba) y me lo derramo todo convenientemente por encima,(añadiré para los mortales en varicela que la cristalmina para la varicela es roja, muy roja). Entonces me paro un momento, me miro de arriba a abajo y pienso en su madre!!!

Y digo yo, ¿por qué carajos no lavará los calcetines y no sabrá untar los granitos de varicela con cristalmina?

NOTA. Un amigo me dijo en una ocasión que debo pensar en su madre de esa forma siempre que quiera, o al menos una vez al dia. Bueno, él lo diría con un acento argentino lindo lindo, haciendo referencia a su reputadisima madre. ¿O era reputisima?

Uf! mucho mejor! Para mi un placer como siempre cuidar de él, untarle los granitos y contarle por las noches el cuento del hombrecillo de papel.