Era una sensación poco habitual, miles de cristalitos diminutos le tintineaban sobre la cara, caían sobre sus ojos deslizándose sobre sus pestañas y en forma de un pequeño roce se deshacían sobre sus mejillas.
Le caían sobre su pequeña nariz chata, rebotaban y salpicaban de nuevo sobre sus ojos que medio cerraba para protegerlos de la lluvia. Su alma se tomó la revancha en esa lluvia de verano, disfrutó de esas gotas como si se tratará de pequeños trozos de cielo que caian sin ningún orden movidos por el viento.
Sintió como el aire cambiaba de olor, dejó de sentir miedo, deshizo sus apretados puños, volvió a respirar y a sonreir con ganas. En ese momento un abrazo verde brillante la despertó.
Ester dormía destapada sobre la cama, con las piernas estiradas y cubierta con un pequeño pijama de algodon. Se despertó casi pegada a su espalda, se había despertado sin ganas de discutir, con los brazos enrroscados sobre si misma y empapada en sudor.
Se levantó sin hacer ruido, salió del dormitorio, se vistió en el lavabo, se cepilló los dientes, regresó a la habitación, lo besó en la cara y sin saber porqué se dió cuenta que ese sería su último vistazo.
Al marchar Ester bajó los escalones sin prisa, dejó la puerta abierta, (le pareció normal) y cuando pisó la calle también se dió cuenta que estaba sonriendo.
Me gusta este post, a la vez me entristece,y tú lo sabes...
Un abrazo para mi Flaka preferida!!!!